la alteridad obliga...a opinar
No es un descargo actual.
Y tampoco es un púlpito.
Y como desromantizamos lo rosa.
Y ponemos poesía a lo que encontramos poético.
A las vivencias y vaivenes.
El mundo es una realidad ineludible.
Pero los comportamientos humanos traen un eco que claramente no podemos controlar.
Volviendo a la sabiduría de mi madre. A no perder oportunidad de hacer silencio.
Y a repensar. Las veces que fui opinologa. Ofensiva. Indiscreta. Exagerada.
Las veces que pude mirar con silencio, aprender y hacer el espacio para que el otro a sus anchas quiera escuchar si hay algo para decir.
Con cuanta liviandad y libertinaje me aventuré a decir lo que nadie me preguntó.
Con el mismo desatino con el que muchas veces recibí esa balacera de opiniones.
Tu colecho
Tu nidito
La chichonera
Las medias
La mamadera
La fórmula
El abrigo
El pelo
La comida
Los remedios
Las rutinas
La lactancia
Los retos
Los límites
Los dientes
El chupete
Los juguetes
...
El cuerpo
El estilo
...
En esta titanica y selvática tarea de maternar todo se da vueltas. Y las decisiones más intuitivas. Sobre las que una deposita su fe, su confianza, su criterio y por qué no, en esta era de la información, su saber. Todo queda puesto en opinión.
En amorosa opinión.
Ahora. No fui amorosa si opiné sin ver qué necesitaba el otro.
No fui generosa con mi saber si no percibí que nadie me preguntó. Nadie me dio ese lugar. Nadie me validó la experiencia. De hecho, paradójicamente, mi yo madre se siente menos capaz de opinar hoy sobre las maternidades ajenas.
Es que hay algo en lo alterno. En el otro que no se porque nos habilita. Nos invita. Nos alienta casi inexorablemente a opinar.
Y no, no toda experiencia es válida de ser ejemplar.
Menos en este océano de madres e hijos.
No es un descargo actual.
Ni tampoco es un púlpito.
Es un aprendizaje. De culpas pasadas, de intrusiones, de chismorreos sinsentido.
No hay amor si no se piensa en el otro.
No hay opinión valiosa si no se la pide.
No hay experiencia que valga de compañía si no hay espacio para escuchar lo que lo alterno necesita.
Vamos a decir la verdad, a ser madre se aprende siendo, sin alentar a ninguna autodidactica de la inconsciencia...habría que dejar entonces que el espacio de aprendizaje suceda.
Y aprender también.
A ser los segundos en la historia.
El decorado diría Moria.
Contemplar en silencio y estar disponible es una bella tarea.
Insume menos energías que opinar, seguro.
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