el privilegio de los que están (aunque a veces no lo usen)
Yo viví una infancia nómada.
Mudabamos cada tanto nuestra casa a un nuevo hogar.
Nos encontrábamos con esas cosas que creíamos perdidas, y otras se quedaban cosidas cual puntada de amor en el hogar abandonado.
Íbamos con nuestros petates, de lado en lado. Íbamos clan familiar. Se de que se trata el olor de lo desconocido. La primera noche llena de ruidos y de soledades.
Se de guardar, de atesorar y de ordenar. Se no acumular. De soltar.
Y se de despedidas.
Siempre fui esta diaspora. O soy la visita o la visita viene a mi.
Vienen. Van.
Vamos. Venimos.
Me pregunto siempre cuando deja de doler ese vaivén que es mi vida.
Supongo que nunca.
Pero estos días me pregunto que será del corazón de Tarsicio.
Hace unos días vio a sofi en córdoba. Y un tiempo atrás vio a su abuelo en Buenos aires. Se nutrió de sus tíos, de la iconica china y de tomi.
Compartió con los mosqueteros del norte.
Viajo en avión y vio a sofi en salta.
Vio a sus primas en su hábitat del noa.
Bisabuela, primos, tíos abuelos...
Este cariño.
Estas personas que entran en su vida.
Y se van, físicamente. Dudo que espiritualmente porque confieso que además de muchas cosas....tarsicio es muy sensible...y memorioso.
Me pregunto, sabrán que además de madre tengo una relación pasional con el tiempo. Mi yo historiadora se cuestiona el dolor que yo bien reconozco y padezco de las distancias.
De la visita.
Del que viene. Y se tiene que ir.
Yo se que el año y nueve meses no lo dejan entender el tiempo, mucho menos el espacio. Pero algo, algo de esos ojitos escrutando el vacio cuando se pregunta si tal o cual están y solo se responde " no tá", algo registra.
Solo me atrevo hoy a dar respuestas. Y a preguntarme por los que si estan/estamos en este presente vivaz y único.
Ojalá los que están supieran el valioso tesoro de poder estar, casi al alcance de la palma de su manito regordeta.
Por que en nuestro caso, nos todos están a diario. Aunque tarsicio pregunte. Y yo le explique.
Mudabamos cada tanto nuestra casa a un nuevo hogar.
Nos encontrábamos con esas cosas que creíamos perdidas, y otras se quedaban cosidas cual puntada de amor en el hogar abandonado.
Íbamos con nuestros petates, de lado en lado. Íbamos clan familiar. Se de que se trata el olor de lo desconocido. La primera noche llena de ruidos y de soledades.
Se de guardar, de atesorar y de ordenar. Se no acumular. De soltar.
Y se de despedidas.
Siempre fui esta diaspora. O soy la visita o la visita viene a mi.
Vienen. Van.
Vamos. Venimos.
Me pregunto siempre cuando deja de doler ese vaivén que es mi vida.
Supongo que nunca.
Pero estos días me pregunto que será del corazón de Tarsicio.
Hace unos días vio a sofi en córdoba. Y un tiempo atrás vio a su abuelo en Buenos aires. Se nutrió de sus tíos, de la iconica china y de tomi.
Compartió con los mosqueteros del norte.
Viajo en avión y vio a sofi en salta.
Vio a sus primas en su hábitat del noa.
Bisabuela, primos, tíos abuelos...
Este cariño.
Estas personas que entran en su vida.
Y se van, físicamente. Dudo que espiritualmente porque confieso que además de muchas cosas....tarsicio es muy sensible...y memorioso.
Me pregunto, sabrán que además de madre tengo una relación pasional con el tiempo. Mi yo historiadora se cuestiona el dolor que yo bien reconozco y padezco de las distancias.
De la visita.
Del que viene. Y se tiene que ir.
Yo se que el año y nueve meses no lo dejan entender el tiempo, mucho menos el espacio. Pero algo, algo de esos ojitos escrutando el vacio cuando se pregunta si tal o cual están y solo se responde " no tá", algo registra.
Solo me atrevo hoy a dar respuestas. Y a preguntarme por los que si estan/estamos en este presente vivaz y único.
Ojalá los que están supieran el valioso tesoro de poder estar, casi al alcance de la palma de su manito regordeta.
Por que en nuestro caso, nos todos están a diario. Aunque tarsicio pregunte. Y yo le explique.
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