la cuarentena
Me estaría costando mucho poder ser realista y sintética.
Quizá en el afán de ver solo el saldo positivo pierdo de vista que todo Aprendizaje en sí mismo ES positivo.
Pero tener esa capacidad tampoco es una cosa que me salga de taquito.
La tendencia es evaluar.
Querer cerrar un ciclo que esta en constante movimiento.
Enumerar es mi real pasión, sino basta con abrir mis notas.
No quiero hacer una lista pero me resulta inevitable. Quizá incluso para mi yo del futuro. Lejano, y no tanto.
Creo que lo más destacable es no tender puentes hacia las expectativas. Si. Derrumbarlas. Rendirse a la existencia de un presente real si es que es válida la redundancia.
No, no estoy promoviendo un mantra de mindfullness. No, no estoy siendo derrotista.
Ese comentario que parece pesimista, es lo que hay, es maravilloso. Porque me habilita a ser pez en el agua. Me libera. De mi propio juicio, exigencia y tensión.
Sobre esto debo trabajar, esperar, sorprender y alegrar. Sobre estas personas.
Abrazar este día a dia. No esperar más nada de donde no hay. Y de golpe nutrir la llama de la esperanza, a sabiendas de que la gran transformación proviene de lo trascendente. Y no de mi esfuerzo. No, no voy a dejar de esforzarme por que los vínculos cambien, pero tampoco voy a creer que soy el mesías de nada.
Como siempre, hay un dejo de mi soberbia y de mi actitud de cangrejo cáncer que no me dejan soltar. No soy la madre de nadie (más que re mi hijo, claro)
Quizá simplemente hay un otro, si yo misma la fan del registro del otro, una alteridad que no quiere cambiar.
Voila.
Que hacer? Morir en el intento? Caer derrumbada ante las expectativas no cumplidas?
O, simplemente, saber que pedir y a quien.
Del que nunca dedico su tiempo, no esperar que lo valore.
Del que no es detallista o comprometido, no apelar a ese mensaje de compromiso al menos.
Del que amanece considerando ser el sol, no esperemos que mire a los demás más allá de ser los planetas de su sistema.
A mi, una romántica incurable, me sopapeo la realidad y desromantice.
Desarme para volver a armar.
Me vi triste, frustrada y con las manos esperando sabe Dios qué.
Pude lo mismo dar las gracias. Por el momento para reconocer y reconstruir.
Hay romance también en ello? Y si.
Bueno, el cliché, de todo se aprende. Se aprende? Si. Si es que el espíritu está dispuesto. Creo que además de reconocer que me plante dispuesta a comerme esta experiencia de pies a cabeza y sacarle todo provecho, también me dispuse a dejar que las cosas me atraviesen.
Sentí angustia, euforia, preocupación, mucha alarma. Me vi sobreviviendo, cansada, empoderada y dueña de mi.
Firme y enamorada.
Puse límites y también me puse límites.
En una personalidad donde todo te desborda también es sano decir basta de nadar en la tristeza. O bien, es momento de bajar a la tierra.
Si la cuaresma se trata de pulir, bueno, lo hemos hecho y con creces. Como todo es Gracia, esto también nos encuentra agradeciendo. El saber aprender y el querer hacerlo.
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