somos una isla
Como hace un tiempo
Un tiempo fugaz que se me escurrió sin previo aviso.
Ese tiempo que te dicen que se iba veloz y así fue.
Me vi. Nos vi.
Somos una isla dije.
Somos una isla en transformación.
A veces estamos en tormenta, a veces la luna no sale a cantar sus poemas nocturnales.
A veces el sol solo quiere flotar sin luz ni calor.
Somos una isla. Poblamos nuestros ojos. Esas pequeñas pupilas de tus ojos de duende del bosque. Esas pestañas cosquillas al cielo.
Habitantes de nuestras tardes erráticas y eclécticas.
Somos la isla del encuentro y el desencuentro.
Del amor que se renueva en el mismo instante fugaz en el que pareció irse.
La isla del abandono en el otro.
Somos una isla. Aprendo tu lenguaje primitivo y te enseño con cautela de qué va el universo. Nuestro universo.
La isla donde el asombro me da una nueva oportunidad de amor y contemplación.
Hoy, pequeña isla. Refugio.
Nos miro de lejos. Isla en soledad.
Porque incomprensión.
Porque al caer de las estrellas y acompasar el vaivén del sueño.
Porque repensar. Replantear. Susurrar perdones, celebrar paciencias, solo sola en soledad.
La isla en ese océano de voces, cardumen de opinologos.
La isla flotando en el cansancio de esa entrega incomprensible.
La soledad es inherente a la isla. A las madres.
Al que cuida.
Que nadie cuida.
Al desmadre que se te arma en el corazón cuando de verdad no das más con tu propio peso.
Nadando en este océano, lo mismo, somos unas isla.
Habitantes de un mismo relato.
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