20 de mayo. celebración

Innauguro este pendiente en mi vida erratica de pensamientos. 
Acumuladas reflexiones de celular. ¿Y si las junto y son mi bitácora? 
Y como mi propia existencia es un péndulo entre el tiempo y el espacio, la historia, el calendario. Hoy es 20 de mayo. 
La vuelta al sol que celebrariamos con mamá. 
Entonces más que de madre, mis pensamientos son de hija.
De ese título que por orgullo escondo porque me hace vulnerable. Pero que fortuna haber sido hija.
Que precioso tesoro poder correr a tus brazos mamá. 
El sábado, tarsicio y yo pisamos las hojas de otoño. A tu abuela no le hubiera gustado le dije, porque decía que había sabe Dios qué debajo.
Me reí. Citando a su abuela celestial. 
A la que solo conoce por lo profundo de mis ojos y ojeras.
A la que conoce cuando me río y soy el eco de su risa. Tanto que a mi misma me duele que se parezca.
A la que conoce por su nombre. Porque Tarsicio llegó a mi corazón gracias a la laboriosa tarea de fe de mi mamá. 
La abuela que se cuela en mis desbordes, si esa seguro que también. La abuela que lo dejo todo por su familia. 
La que también conoce porque me enseñó a hacer sabio silencio. A no perder oportunidad de hacer silencio decía. Me decía. 
Vivaz. Terca. Y dedicada. Se reinventó en cada lugar a donde fue. Amiguera. Pero de las buenas migas. De las fieles y ella fiel. 
La abuela que conocerá cuando recemos un rosario y le cuente que yo me dormía mientras pasaban las cuentas. 
La que conoce cuando me arreglo, y me pongo perfume. La que se esfuerza por tenerlo de punta en blanco (Aunque sea un bodrio vestirse)

Mi gran apego seguro. La fortaleza. El corazón de la casa diría papá. El día que te fuiste en realidad quedaste latiendo en cada uno de tus hijos. Nos habitas, nos poblas. Somos los brotes de tus esfuerzos.
Innauguro estas reflexiones fugaces y atolondradas. Acusada por el tiempo y el espacio. 

El tiempo de ser hija, el espacio de tu abrazo.
Feliz cumpleaños mamá, que dichosa la celebración de lo eterno. 

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